Pruebas genéticas de la evolución (Parte 1)

Cuando pensamos en las pruebas de la evolución (si es que lo hemos hecho alguna vez) probablemente lo primero que nos vendrá a la cabeza serán los fósiles. Y no es para menos: el registro fósil es una prueba muy contundente a favor de la teoría evolutiva. Sin embargo, hay muchas más pruebas e indicios que nos conducen hacia la inevitable conclusión que es la evolución.

Con el avance de la tecnología, la secuenciación de genomas y las técnicas de ingeniería genética que nos han permitido estudiar proteínas y los genes que las codifican, estamos acumulando cada vez más pruebas que respaldan la diversificación de las especies que explicó Charles Darwin en su On the Origin of Species. Estas pruebas, sin embargo, son complejas y tienen que ver con cosas que no son familiares al común de la población (el DNA, aunque a todo el mundo le suene, es casi un completo desconocido). Esta complejidad ha hecho que estas pruebas, a pesar de ser tan sumamente importantes, no lleguen al público tanto como deberían. Y para eso está esta serie de posts: para explicar una pequeña selección de estas pruebas. Desde luego, no las cubriré todas (puede que ni siquiera las más importantes), pero sí aquellas que me han parecido interesantes, sencillas y explicativas.

genetic-code1

Similitudes

Uno podría pensar en las similitudes entre los genomas de los seres vivos como una prueba a favor de la evolución. Si bien, por poner un ejemplo, el hecho de que todos compartamos el mismo código genético es un gran indicio de que todos compartimos un antepasado común que tenía precisamente ese código genético, no me gusta presentar similitudes como pruebas de la evolución. Pero por poco que me guste ahí está: no sólo compartimos el código genético, si no que compartimos multitud de proteínas y genes. Desde RNA ribosómico, hasta proteínas que reconocen secuencias específicas de proteínas y las direccionan hacia algún lugar de la célula (como la SRP, presente en eucariontes y bacterias). Tan grandes son estas similitudes, que para casi todos los genes humanos que te puedas imaginar, vas a poder encontrar uno sumamente parecido en una especie que, casualmente, se parecerá mucho a nosotros.

En seres vivos “más parecidos” entre ellos, encontramos que sus cromosomas tienen más genes compartidos y más se parecen entre sí estos genes (más cuanto más se parecen los animales a nivel fisiológico y morfológico). No sólo eso sino que, si miramos por ejemplo los cromosomas de un ratón y los nuestros, veremos que no sólo compartimos muchos genes, sino que éstos se encuentran en distribuidos en “bloques”. Esto significa, básicamente, que los cromosomas de un organismo se “parecen” a lo que saldría si cortáramos los cromosomas del otro ser vivo y los pegáramos al azar. Justo lo que esperaríamos si la teoría evolutiva fuese cierta, ya que los reordenamientos cromosómicos son precisamente un mecanismo que propone la teoría de Darwin para explicar la especiación (la creación de nuevas especies).

synteny

Otro aspecto importante es el de la distribución en el genoma de las similitudes. Éstas no sólo se encuentran en “bloques”, sino que las similitudes son mayores cuanto más imprescindible sea la función de una región del DNA. Esto viene a decir, básicamente, que las regiones del genoma que no tienen función aparente son mucho más diferentes que las que sí tienen función. Esto es justo lo que esperaríamos si la teoría de la evolución fuese cierta: los cambios en el genoma se darán con la misma frecuencia en todas las regiones del material genético, pero aquellas mutaciones que caigan sobre regiones importantes serán probablemente seleccionadas negativamente, y se perderán, manteniéndose sólo las diferencias que se encuentran en zonas inútiles. Lo más importante aquí no es que la realidad coincida con el modelo, sino que el modelo nos permite hacer predicciones. Si comparamos dos secuencias de DNA de distintas especies podemos encontrar dónde se encuentran los genes mirando dónde son mayores las similitudes. Y esto funciona y se utiliza.

Fusión del cromosoma 2 en humanos

hum_ape_chrom_2Una de las diferencias más notables entre el genoma del chimpancé y el del ser humano, es que nosotros tenemos un par de cromosomas menos. Los chimpancés tienen 24 pares, mientras que nosotros tenemos 23. Debido a la cercanía evolutiva que se supone tienen estas dos especies, parece improbable, si nos ceñimos a la teoría evolutiva, que un cromosoma apareció en los chimpancés durante los 7 millones de años que nos separan de ellos.

Así, lo esperable es que o bien hubo una división de un cromosoma en los ancestros de los chimpancés, o una fusión en alguno de nuestros antepasados. Una vez establecida la hipótesis, llega el momento de testarla: si alguno de los dos escenarios es correcto, esperaríamos encontrar evidencias de algún tipo de la susodicha fusión o división cromosómica.

Y vaya si hay evidencias. En primer lugar, el cromosoma 2 humano contiene casi los mismos genes que dos cromosomas del chimpancé. Hay secuencias teloméricas (típicas de los extremos de los cromosomas) en medio del cromosoma 2 humano. Y, para terminar, hay restos de secuencias centroméricas (secuencias que se encuentran en el centro de los cromosomas) justo donde esperaríamos que se encontraran si la fusión se hubiera dado.

Vamos, o la evolución es cierta, o Dios abusó del copy paste.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s