La guerra contra la viruela

En este post hablaré de uno de los mayores éxitos de la humanidad y de la ciencia. Científicos, políticos y médicos se organizaron para destruir a uno de los mayores enemigos que se ha encontrado el ser humano. Este enemigo no es nada más y nada menos que una de las enfermedades infecciosas más terribles de la historia del hombre: la viruela.

La viruela era una enfermedad causada por un virus de la familia Poxviridae. La Organización Mundial de la Salud estima el número de muertes totales causadas por viruela en el siglo XX en 300-500 millones. Para poner esto en perspectiva, una de las pandemias más terribles de nuestro tiempo (el SIDA), “sólo” ha provocado unas 35 millones de muertes. La gripe española, las guerras y el SIDA todo junto, 320 millones.

El ser humano no ha tenido nunca mucha suerte luchando contra las enfermedades infecciosas. Si bien en ciertas partes del mundo hemos conseguido reducir drásticamente las muertes por infecciones bacterianas (gracias a los antibióticos) y víricas (gracias a la vacunación), hemos ganado muchas batallas y pocas guerras. En concreto, sólo hemos ganado dos: la de la viruela y la de la peste bovina.

El Enemigo

poxviridae

Primero vamos a ver a qué nos enfrentábamos. Como ya he dicho, el virus causante de la viruela pertenecía a la familia Poxviridae. A diferencia de otros virus, los de esta familia son muy complejos.

Mientras virus como el de la polio tienen 5 proteínas estructurales, un genoma de RNA de una sola cadena de 8,5kb (8.500 “letras“) y miden 30 nanómetros (mil millones de veces menos que un metro); los Poxviridae son grandes (300×250 nm aproximadamente) y tienen un genoma de DNA doble cadena (como nosotros) de 130-375 kb (130.000 – 375.000 “letras”).

Polio_vs_pox

Pero no sólo eso. Muchos virus consisten en una cápside de proteínas y un genoma dentro, con algunas proteínas (no muchas). Los Poxviridae tienen una forma sumamente compleja, con una o dos envueltas lipídicas “robadas” de las células huésped. Son tan complejos, que son capaces de prescindir de la maquinaria de la célula para replicarse y hacerlo en el citoplasma en vez de en el núcleo. Muchos virus hacen precisamente lo contrario: utilizan las herramientas celulares para crear a su progenie. A los Poxviridae les es indiferente: llevan todo lo necesario para replicarse y salir al exterior siempre encima. Vemos que el virus variola (su nombre propio) es un peso pesado del mundo de los virus. La enfermedad que provocaba, era igualmente terrible.

Existían dos formas de viruela, una grave y otra más leve. Para desgracia nuestra, la grave suponía el 90% de los casos.

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Los síntomas incluían:

  • Fiebre, malestar y dolor de cuerpo.
  • Vómitos.
  • Erupciones primero en la lengua y en la boca. Las erupciones se abren y el virus se esparce por la boca y la garganta.
  • Erupciones en la piel, primero en la cara, extendiéndose por brazos y piernas.
  • Las erupciones se abultan, y se llenan de líquido.
  • Más tarde se convierten en pústulas altas y redondas.
  • Las pústulas pasan a costras, que luego caen y dejan marcas de por vida.

Si el enfermo muere, lo hace cuando hay pocas erupciones, a los 5 o 6 días de enfermedad.
smallpoxEl virus variola llevaba ya un tiempo con nosotros: la momia de Ramsés V presentaba evidencias de haber pasado una infección por el virus y en el 340 A.D. tenemos ya descripciones de la infección en China.

Para solucionarlo, el virus se transmitía por aire, haciendo que la enfermedad fuera muy contagiosa. Tanto es así que se cree que el hecho de llevar la enfermedad al Nuevo Mundo, cuando allí nunca habían estado en contacto con ella, contribuyó a la destrucción de los habitantes de sudamérica.

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Nuestras Armas

Al principio, no teníamos ninguna así que estábamos a merced del 30% de mortalidad de la enfermedad, con encima una alta capacidad de transmisión. Si un 30% os suena a poco, algo de razón tenéis, y eso es lo que hacía a la viruela tan terrible. Un virus con una letalidad del 100%, sin tiempo de incubación y de acción rápida es una estupidez evolutiva. Es básicamente inofensivo: porque no existe.

Si las pocas personas infectadas mueren antes de poder contagiar a más personas, el virus fracasa por completo y “muere” dentro de su huésped. Para los virus no somos más que un vehículo: intentan alargar lo máximo posible su estancia en nuestro organismo, para que infectemos a todo aquél con quien nos crucemos.Poster_for_vaccination_against_smallpox

¿Cómo fuimos entonces capaces de parar a tamaña bestia? Todo (o mucho) se lo debemos a Edward Jenner. Este científico, nacido en el 1949, observó que la gente que se contagiaba de una viruela procedente de las vacas, sobrevivía siempre. No sólo eso, sino que después no enfermaban de la viruela humana. Para probar su hipótesis, el muy bestia lo probó en un niño de 8 años. El niño se sintió mal después de siete días, pero nada más. Más tarde, el bestia de Jenner pinchó al niño con agujas llenas de la terrible viruela humana. Por suerte para el chico (y para nosotros) no se contagió. La viruela bovina protegía frente a la viruela humana.

En 1803. el médico Francisco Javier Balmis (sí, español) emprendió la conocida Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. El rey subvencionó la expedición, que tenía como objetivo el hacer llegar la vacuna de Jenner (porque lo que descubrió fue la primera vacuna) a todo el Imperio Español. Para conseguir transportar la vacuna a través del océano Atlántico, se les ocurrió ir pasando la viruela bovina de niño a niño, asegurándose de que siempre hubiera niños sanos para pasarles más tarde la vacuna.

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Más tarde, la vacuna procedente de la viruela bovina se sustituyó por el virus vaccinia, de la misma familia.

Después de que cada país llevara a cabo campañas de vacunación aisladas, la URSS propuso a la Asamblea Mundial de la Salud llevar a cabo una iniciativa global. Se aprobó en el 1959. En los 50 ya se había erradicado de toda América, pero aún quedaba por hacer. Médicos de todas partes se organizaron y recorrieron todos los rincones del mundo en busca del virus, hasta que en el 1977 se erradicó. O eso pensaban.

El Peligro Continúa

En el 1978, sólo un año después del último caso conocido de viruela, el virus se escapó (debido a una negligencia) de un laboratorio de Gran Bretaña. A pesar de que ya no había viruela “libre”, el virus se conservaba en diferentes laboratorios para su estudio. Esto llevó a que se escapara e infectara a Janet Parker, una fotógrafa. Murió el 11 de septiembre de ese año. Después de su muerte, el jefe de microbiología médica, Henry Bedson, se suicidó cortándose el cuello en su jardín. Según Wikipedia (en el artículo de Janet Parker) su nota de suicidio decía:

“Siento que he perdido la confianza que muchos de mis amigos y colegas han depositado en mí y en mi trabajo”.

Janet Parker fue la última muerte causada por viruela en todo el mundo. Si pensabais que este desagradable suceso iba a disuadir a los gobiernos de tener un virus tan peligroso encerrado en un laboratorio, os equivocasteis. El gobierno Británico destruyó la muestra que tenía del virus, pero América y la entonces URSS conservaron las suyas, criogenizadas. Y sí, ahí siguen.

biohazard

El peligro no es tanto que se escape de nuevo. Tenemos vacunas disponibles, y no debería ser un problema global el hecho de que pocas personas se infectaran. El peligro de pandemia existe porque el virus de la viruela es una potencial arma biológica. Una potentísima. Si crees que las bombas nucleares son terribles, es porque no te has parado a pensar en lo que un virus podría hacer. Con las herramientas de ingeniería genética que tenemos ahora, podríamos aumentar la virulencia o la infectividad del virus en varios grados de magnitud. Hablo en condicional, pero nadie sabe si esto se ha hecho ya.

La batalla contra la viruela supone uno de los grandes hitos de la humanidad. La vacunación, por mucho que algunos se empeñen, ha salvado millones de vidas. Pero esta historia deja un sabor amargo al final: el virus todavía existe y nadie tiene planeado deshacerse de un arma tan potente como es el virus más peligroso del mundo.

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