¿Por qué hay sólo dos sexos?

Navegando entre los miles de tweets de Richard Dawkins he encontrado uno que nombraba una cuestión muy interesante: ¿Por qué hay dos sexos? ¿Es éste un número arbitrario, o por lo contrario responde a una causa evolutiva concreta?

Pues, de hecho, la pregunta está de entrada mal planteada: no todos los organismos tienen dos sexos. Dejando de lado los hermafroditas (que realmente tienen dos, pero en un mismo cuerpo), muchos organismos no poseen ningún tipo de diferenciación sexual: ni externa, ni la que nos atiene en este artículo, gamética.

En primer lugar, hay que plantearse una pregunta: ¿Por qué todos los organismos con reproducción sexual basan su intercambio genético en una fusión de dos células? Es una pregunta muy obvia, de respuesta también sencilla: si el intercambio tuviera que darse entre más gametos, las probabilidades de que se encontraran serían muy bajas. Muchos organismos unicelulares no tienen gametos, pero sí sexo: ellos mismos se fusionan, funcionando tanto de organismos completos como de gametos.

Superada esta pregunta, podríamos decir que hay sexos si los gametos que deben encontrarse y fusionarse son diferentes. Según las diferencias entre estos gametos, definimos tres tipos de gamias, o mal llamadas fusiones:

Los gametos de tipo A se fusionan por isogamia. Los de tipo B por anisogamia y los de tipo C tienen un tipo de anisogamia muy peculiar que debería ser familiar: la oogamia. De este esquema, puede sacarse que o bien los organismos tienen dos sexos (B y C), o simplemente no tienen. Esto ya nos lleva a pensar que realmente debe haber alguna razón detrás de este fenómeno. Aunque bueno, bien podría ser puro azar.

AnisogamyPor suerte, hay algunas explicaciones posibles a este hecho. Si pensamos en optimizar los gametos de un organismo, podemos pensar en dos modelos distintos.

  • Un gameto bien grande, capaz de acumular muchísimos nutrientes, para que cuando tenga que desarrollarse o dividirse (caso de organismo pluricelular) tenga a su abasto más combustible.
  • Un gameto pequeño, bien barato de fabricar para así poder crear más, así como muy móvil para que pueda encontrarse más fácilmente con su futuro compañero.

Ambos modelos tienen pros y contras, pero no hace falta decantarse por uno solo. Pueden coexistir los dos ya que se complementan perfectamente: mientras un organismo busca optimizar la supervivencia de la prole fabricando gametos grandes, caros y duraderos, otro busca el máximo número de gametos posibles, para que busquen a sus correspondientes con más eficiencia. Este tipo de evolución se denomina evolución disruptiva. Una presión de selección (la de la supervivencia de los gametos) crea dos modelos óptimos completamente opuestos.

Disruptive_selectionEsta diferenciación en los gametos, vemos que esconde también una diferenciación funcional entre los organismos. Fue esta especialización, la que acabó dando en muchas especies las diferencias que encontramos entre machos y hembras: una simple optimización de la viabilidad de los gametos fue el pistoletazo de salida.

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