Dejar de comer para adelgazar

Si uno deja de comer durante un día entero y al final de éste se enfrenta a la báscula, descubrirá entusiasmado que habrá perdido una gran cantidad de peso (puede que 800g). Nuestra mente, simple como es, se encarga del cálculo matemático posterior:

  • Si mañana tampoco como, al final del día habré perdido otros 800g, ¡resultando en una pérdida de 1,6 kg cada dos días!

Si realmente fuera tan fácil, cuando uno va a un dietista éste le diría que dejara de comer durante una semanita y ya está. Pero adelgazar no es tan fácil. Este descenso tan abrupto de peso durante los primeros días de un ayuno no se debe principalmente a la pérdida de grasa, sino a la pérdida de nuestras reservas de glucógeno.

El glucógeno es la molécula gracias a la cual nuestro organismo es capaz de guardar glucosa. Permite, gracias a su facilidad de degradación, aumentar rápidamente los niveles de glucosa en sangre cuando es necesario. Sin embargo ¿si es tan fácil almacenarlo y movilizarlo, por qué nuestro organismo no lo utiliza como reserva energética principal, en vez de utilizar ácidos grasos?

  • La naturaleza del glicógeno es glicídica, esto es, es una molécula altamente hidrofólica. Esto resulta en que cada gramo de glucógeno almacenado lleva asociado una gran cantidad de agua. Esto hace del glicógeno una molécula no apta para almacenarlo en grandes cantidades: para imaginárselo hay que pensar en una esponja, sería absurdo guardar esponjas mojadas porque su peso sería descomunal para la cantidad de esponja que realmente almacenamos. No es de extrañar que la molécula que utilizamos como reserva energética sea lipófila (no almacena agua, la repele).

¿Por qué entonces nuestro cuerpo almacena glucógeno en vez de almacenar sólo lípidos?

  • A parte de la lógica conveniencia de esto derivada de su facilidad de degradación, hay una razón más profunda: hay tejidos que no pueden utilizar ácidos grasos como fuente de energía. Estos son los tejidos anaerobios: eritrocitos y médula renal; y el cerebro, que debido a que está protegido por la barrera hematoencefálica los lípidos no pueden acceder a él.

Y aquí es donde interviene una de las limitaciones metabólicas más importantes de nuestro organismo: los carbonos de los ácidos grasos no pueden, nunca, pasar a formar parte de moléculas de glucosa. No tenemos la capacidad de transformar ácidos grasos en azúcares. Cuando el acetil-CoA derivado de la degradación de los lípidos entra en el ciclo de Krebs esos dos carbonos se pierden en forma de CO2. Esto obliga a nuestro organismo a dos cosas:

  1. El hígado debe tener una importante reserva de azúcares en forma de glucógeno, para permitir alimentar a los tejidos que no pueden aprovechar los ácidos grasos cuando no estamos comiendo.
  2. El hígado debe ser capaz de fabricar glucosa a partir de otros sustratos (aminoácidos) cuando se le ha acabado el glucógeno y sigue sin obtener glucosa de la dieta.

Durante los primeros momentos del ayuno, nuestros tejidos empezarán a dejar de utilizar la glucosa (si pueden), y el hígado empezará a agotar sus reservas de glucógeno. Recordemos que este glucógeno pesa mucho. Cuando se ha agotado, algunas proteínas del músculo empiezan a degradarse para proporcionar aminoácidos al hígado, pudiendo éste de esta manera seguir manteniendo la glucemia en sangre gracias a la gluconeogénesis. Las proteínas también pesan los suyo, así que en este momento (24h después de la última ingesta) también perderemos peso, pero serán proteínas musculares. Pasados unos cuatro días, debido a que las proteínas musculares no son una fuente de reservas (realmente ejercen una función que tampoco conviene irse cargando), los ácidos grasos empiezan a ser transformados en lo que se llaman cuerpos cetónicos. Éstos cuerpos cetónicos sí pueden atravesar la barrera hematoencefálica. La proteólisis baja mucho, y nuestro organismo pasa a mantenerse gracias a las grasas que los adipocitos tienen acumuladas. La tasa de pérdida de peso en este momento será muy baja comparada con la inicial: los lípidos pesan mucho menos que los glícidos por lo comentado anteriormente.

Así, la pérdida de peso durante el ayuno no será lineal. Los 800g que perderemos el primer día serán mayoritariamente glicógeno que volveremos a fabricar en cuantro comamos un mendrugo de pan. Los siguientes días, perderemos algo de peso que provendrá de grasas, pero también una gran cantidad de proteínas del músculo (cosa nada conveniente). Finalmente, la pérdida de peso provendrá principalmente de la utilización de ácidos grasos, pero este adelgazamiento será mucho menor que el inicial: rondará los 200g por día. Además, si se prolonga en el tiempo podrá provocarse una cetoacidémia (los cuerpos cetónicos son ácidos).

Para perder de peso, lo mejor es una dieta equilibrada y ejercicio. Dejar de comer no va a ayudarnos demasiado.

Tabla_adelgazarEstán marcadas las principales fuentes de energía del organismo en cada momento, sin embargo, durante todo el tiempo hay un consumo de ácidos grasos por parte de aquellos tejidos que pueden hacerlo (hígado, músculo etc), que se incrementa cuando empiezan a fabricarse cuerpos cetónicos (día 3-4). Si el ayuno se alarga lo suficiente como para agotar los ácidos grasos, la proteólisis vuelve a iniciarse. En este punto, la situación es ya terminal (2-3 meses).

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